Defensa Ambiental

Expansión eléctrica en el centro-sur de Chile: el Proyecto Itahue–Hualqui reabre el debate sobre los límites ambientales de la transmisión energética

La iniciativa contempla una línea de 407 kilómetros entre el Maule y Biobío, amenazando los ecosistemas y la calidad de vida de los habitantes de 20 comunas. Expertos advierten vacíos técnicos en la evaluación ambiental y riesgos acumulativos por la concentración de infraestructura eléctrica.

El Proyecto Sistema de Transmisión Zonal Grupo 3 S/E Itahue – S/E Hualqui, impulsado por Mataquito Transmisora de Energía S.A., busca reforzar el sistema eléctrico nacional mediante la construcción de una línea de transmisión de 406,93 kilómetros que atravesará las regiones del Maule, Ñuble y Biobío. La inversión estimada asciende a 324 millones de dólares, y el proyecto fue aprobado por el Comité de Ministros en junio de este año, a pesar de haber sido previamente rechazado por el Servicio de Evaluación Ambiental. 

Una obra estratégica para el Sistema Eléctrico Nacional

La línea, de doble circuito (2×220 kV), se divide en cinco tramos principales y tres ramales secundarios de 2×66 kV. Además, incluye la construcción de cinco nuevas subestaciones —Mataquito, Mataquito 2, Nueva Nirivilo, Nueva Cauquenes y Dichato— y la conexión con otras cinco ya existentes (Itahue, Cauquenes, Parral, Tomé y Chiguayante).

El trazado afectará directamente a 20 comunas, entre ellas Constitución, Cauquenes, San Javier, Hualqui, Tomé y Penco, abarcando territorios rurales, agrícolas, urbanos y costeros de alta diversidad ambiental y social.

El proyecto forma parte del Plan de Expansión del Sistema de Transmisión Zonal del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), definido por el Decreto Exento N°418 de 2017 del Ministerio de Energía, orientado a fortalecer la infraestructura eléctrica para transportar la energía generada hacia los principales centros de consumo del país.

Un sistema eléctrico en expansión

De acuerdo con antecedentes de la Coordinadora Interregional Libre de Alta Tensión (CILAT), la línea Itahue–Hualqui se enmarca en una red más amplia de proyectos que buscan consolidar el centro-sur del país como un polo de generación y exportación energética.

Hasta ahora se han identificado más de 50 proyectos asociados o dependientes de esta infraestructura, entre ellos:

  • 25 centrales eólicas,

     

  • 8 eólicas marinas,

     

  • 10 fotovoltaicas,

     

  • 7 proyectos híbridos (solar + almacenamiento BESS),

     

  • 3 centrales de almacenamiento BESS,

     

  • y 9 subestaciones vinculadas directa o indirectamente al trazado.

     

En conjunto, estas iniciativas representan una capacidad potencial cercana a los 8 GW, lo que modificaría significativamente los ecosistemas y paisajes del Maule, Ñuble y Biobío.

Riesgos acumulativos

Organizaciones y observadores técnicos han advertido sobre riesgos ambientales acumulativos, particularmente en zonas rurales y costeras con ecosistemas frágiles o comunidades que ya enfrentan presión por la concentración de proyectos energéticos.

La evidencia técnico-ambiental disponible muestra deficiencias significativas en la evaluación ambiental del proyecto. Según los informes sectoriales, SAG y CONAF objetaron la suficiencia de la línea de base y la delimitación del área de influencia, destacando:

  • Muestreos estacionales poco representativos (por ejemplo, de cururos en otoño).

     

  • Ausencia de especies en categoría de conservación.

     

  • Exclusión de humedales sensibles como Ciénaga del Name, pese al riesgo de colisión de aves con conductores y cables de guardia.

     

En estas condiciones, los organismos técnicos advierten que no es posible descartar impactos relevantes sobre flora y fauna, ni definir medidas proporcionales y trazables de mitigación.

En el componente medio humano, las SEREMI de Salud del Maule y Biobío identificaron deficiencias en el Permiso Ambiental Sectorial (PAS) 138, incluyendo falta de trazabilidad en dotaciones y parámetros de diseño, ensayos de infiltración insuficientes y errores en la interpretación normativa. Persisten además incertidumbres sobre ruido y campos electromagnéticos, trasladando los controles a una fiscalización posterior sin cerrar las brechas técnicas actuales.

Los Órganos de la Administración del Estado con Competencia Ambiental (OAECA) consignan que no existe certeza razonable para garantizar la salud de las personas ni la integridad ambiental del entorno.

Las cargas de la transición

El caso Itahue–Hualqui ilustra la tensión entre el avance del modelo de transición energética y la falta de una planificación territorial integrada. La evaluación fragmentada de los proyectos impide dimensionar los impactos combinados sobre la biodiversidad, el paisaje y la calidad de vida local, mientras el país se prepara para una expansión eléctrica sin precedentes.

Por su escala, ubicación y articulación con múltiples proyectos de generación, el Sistema de Transmisión Zonal Grupo 3 se perfila como una infraestructura clave para el nuevo escenario energético del país, pero también como un punto de inflexión para discutir los límites ambientales y sociales del desarrollo eléctrico en Chile.

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