Defensa Ambiental

Comunidades del Alto Biobío participan en talleres para proteger el río Queuco desde la memoria y el territorio

A través de relatos, mapeo comunitario y formación en derechos de agua, el proceso busca avanzar hacia la protección del río, resguardando los usos, valores y formas de vida ligadas a su cuenca.

En la comuna de Alto Biobío, comunidades locales participaron en talleres orientados a relevar su relación histórica y cotidiana con el río Queuco, en el marco de un proceso que apunta a su protección.

Escuchar al territorio desde quienes lo habitan. Ese es el punto de partida de los talleres comunitarios que se desarrollaron en el Alto Biobío en torno al río Queuco, una iniciativa que busca recoger conocimientos, experiencias y vínculos para sustentar su protección a largo plazo.

El proceso tiene como objetivo avanzar hacia la creación de una figura de protección que resguarde su caudal, pero antes de ello, se centra en comprender los usos y valores que las propias comunidades asignan al río. Para ello, los talleres se han diseñado como espacios de conversación donde emergen relatos de vida, memorias y prácticas cotidianas, espirituales y ancestrales vinculadas al Queuco.

A través de estas instancias, las personas participantes comparten cómo ha sido su relación con el río a lo largo del tiempo, desde actividades de recreación y encuentro, hasta el uso de sus aguas para el consumo diario o la recolección de hierbas medicinales. Estas historias permiten reconstruir una dimensión del río que va más allá de lo ecológico, revelando su rol en la vida social, cultural y comunitaria del territorio.

Al mismo tiempo, los relatos dan cuenta de transformaciones significativas. Cambios en la calidad del agua, pérdida de accesos a la ribera, disminución de especies vegetales y modificaciones en las prácticas tradicionales son parte de las preocupaciones que emergen en las conversaciones. Así, las memorias individuales y colectivas se convierten en una herramienta para identificar amenazas y comprender cómo estas han impactado la relación entre las comunidades y el río.

Uno de los elementos centrales del proceso es el uso del mapeo comunitario, una metodología participativa que permite visualizar el territorio a partir de la experiencia de quienes lo habitan. Sobre mapas construidos colectivamente, las comunidades identifican lugares de importancia cultural, zonas de uso cotidiano, espacios de encuentro y áreas percibidas como amenazadas. Este ejercicio ofrece una mirada integral sobre la cuenca del Queuco, evidenciando cómo la vida comunitaria se despliega a lo largo de todo su curso.

Junto con la recolección de información, los talleres también contemplan espacios de formación. En ellos se abordan contenidos relacionados con la protección de caudales y los derechos de agua, respondiendo a inquietudes manifestadas por las propias comunidades. De este modo, el proceso no solo busca documentar saberes, sino también fortalecer capacidades locales para la defensa del río.

La iniciativa pone énfasis en la bidireccionalidad, aprender del conocimiento territorial y, al mismo tiempo, compartir herramientas que permitan a las comunidades incidir en la gestión y protección de sus aguas.

De esta forma, el río Queuco se revela no solo como un ecosistema de alto valor ambiental, sino como un eje articulador de la vida en el Alto Biobío. Un territorio vivo, donde las historias, prácticas y vínculos comunitarios son fundamentales para proyectar su cuidado hacia el futuro.

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